Fases del estrés

estres-portada

Fases del estrés

El estrés es un estado físico y emocional, que no aparece de forma repentina, sino que se desarrolla siguiendo un patrón en el que se diferencian tres fases:

1. Alarma:


Fase que se produce cuando una persona se enfrenta a una situación complicada o nueva ante la que el organismo reacciona considerándola como una amenaza real y que se prepara para afrontar con energía, poniendo en marcha el sistema endocrino para que se incremente la producción de diferentes hormonas, entre las que cabe mencionar a la adrenalina, la noradrenalina y el cortisol.
Esto se traduce de forma casi inmediata en una reacción fisiológica que se caracteriza por el incremento de la frecuencia cardiaca, la tensión arterial y el ritmo de respiración, produciendo un estado de tensión generalizado en los músculos, además de angustia y ansiedad. Es una situación de amenaza ante una situación concreta que se resuelve tras afrontarla o huir de ella, volviéndose a normalizar tras consumir toda la energía previamente liberada.

2. Resistencia:


Se produce cuando se mantiene en el tiempo el estado de alarma en el que ha entrado el organismo o éste se reproduce de forma reiterada. Inicialmente el cuerpo se adapta a esta situación, permitiendo compensar los gastos de energía ocasionados por el estado de estrés, impidiendo el agotamiento del organismo, pero luego acaba por llegar el cansancio y con él aparecen los primeros síntomas como consecuencia del esfuerzo realizado.
Éstos síntomas pueden ser dolores de cabeza, sensación de fatiga, contracturas musculares (especialmente en el cuello, la zona lumbar y la espalda), problemas de memoria, alteraciones del sueño, irritabilidad y cambios de humor, sensación de fracaso, actitud pesimista, tendencia a comer más, estado de ansiedad, entre otros.

3. Agotamiento:

Fase en la que el organismo se colapsa y ya no se puede defender de las situaciones que provocan estrés, agotando las reservas psíquicas y biológicas.
Si se agota la capacidad de resistencia a la que se ha sometido al organismo, se genera una nueva situación de alarma que se suma a la anterior y entrando en un encadenamiento que prolonga la situación de estrés más de lo deseable y acaba por debilitar el organismo hasta el punto de afectar al sistema inmune, reduciendo su capacidad para neutralizar la acción de los microorganismos; al sistema circulatorio aumentando la frecuencia cardiaca y la tensión arterial hasta el punto de favorecer la posibilidad de sufrir un accidente cardiaco o cerebrovascular; y pudiéndose producir crisis de pánico o ansiedad, así como otras afecciones, como la exacerbación de eccemas, la aparición de úlceras en la mucosa oral, diarrea, dolores intestinales…

Consulta con los especialistas de nuestro cuadro médico si tienes dudas o quieres más información al respecto.
¡¡Recuerda!! Si te pareció interesante, síguenos en Facebook o Twitter!!