Plan realista para el 2017: mejorar la alimentación

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Dos de los propósitos más comunes de año nuevo suelen ser el de perder algún kilo de más o bien el de comer mejor. Para este 2017 el plan va a ser diferente. Vamos a mejorar la alimentación, a través de unos cambios realistas, claros y sencillos que nos harán mejorar en salud.

El 40% de los españoles piensa que su alimentación no es buena o que podría mejorar. El problema es que a veces nos planteamos modificar los hábitos de toda una vida de un día para otro, sin tener unas pautas claras que seguir, y al final acabamos quedándonos como estábamos.

Pequeños cambios que cuentan mucho

  • Reducir el consumo de azúcar: su exceso se relaciona con obesidad, diabetes tipo 2 y enfermedades cardiovasculares, entre otras. La OMS recomienda no consumir más de 25 gramos al día (para una dieta de 2000 Kcal) si queremos notar beneficios para la salud. ¿Cómo conseguirlo? Evitando los refrescos y los alimentos industriales (precocinados, bollería, salsas…). Aunque no sean dulces, la mayoría llevan cantidades importantes de azúcar. Algunos ni te los imaginas.
  • Beber agua: En las comidas o en cualquier momento. Es la forma más sana de hidratarnos, sin añadir calorías vacías. Los refrescos, las bebidas con alcohol, o algunos zumos con azúcar añadido, pueden llegar a sumar hasta 1000 kcal por día. Aportando muy pocos nutrientes o ninguno.
  • Comer legumbres dos veces por semana: Son una fuente de energía importante. No tienen apenas grasa, y nos proporcionan fibra, proteínas vegetales e hidratos de asimilación lenta. En crema, en guiso o en ensalada, todas las opciones sirven.
  • Los cereales mejor integrales: el pan, la pasta o el arroz, cuando son integrales ayudan a regular el tránsito intestinal con su aporte en fibra, y conservan los nutrientes como el salvado o germen de trigo, que se pierden en el proceso de refinado.

Más verduras en cada plato

Incluye vegetales en todos tus platos. Así es mucho más fácil cumplir con el propósito de comer cinco piezas de frutas y verduras al día, sin tener que estar pendientes de en qué momento lo hacemos.

Un tomate en el desayuno (aunque en realidad es un fruto), unos bastones de zanahoria para picar a media mañana, una guarnición de judías salteadas en la comida, unas hojas de rúcula para la tostada de la merienda, una ensalada o una sopa de hortalizas variadas para cenar… Y así todos los días, cambiando los ingredientes.

En la nevera y en la despensa no pueden faltar diferentes tipos de verduras para asegurarnos de que las añadiremos en cada comida. En batido, en crema, salteadas, al horno o a la plancha. Nuestras comidas serán más ligeras y se llenarán de vitaminas, minerales, fibra y antioxidantes.

Siguiendo estas pautas, que se basan esencialmente en comer más alimentos frescos y añadir verduras a todos nuestros platos, conseguiremos mejorar la alimentación. Para necesidades más específicas, podemos consultar a un especialista en nutrición, que nos preparará un programa nutricional personalizado completo.